**Lía**
Pasaron dos días viendo cómo Kael respiraba apenas, atrapado en una oscuridad que se negaba a soltarlo. Su piel estaba helada, la marca latía con un rojo enfermizo y cada vez que intentaba moverlo, un susurro oscuro se deslizaba por debajo de su piel… como si algo más estuviera respirando dentro de él.
—Por favor, Kael… —murmuré por décima vez—. Vuelve conmigo.
No sabía si podía escucharme, o si seguía luchando. Solo sabía que yo no estaba dispuesta a perderlo.
La segunda noche, el aire