Piezas de un juego.
**Kael**
El límite de la manada olía a sangre y a algo más que no quería nombrar. No era solo el rastro metálico de los heridos ni la tierra removida por la lucha.
Había cuerpos en el suelo. Algunos ya habían recuperado la forma humana, otros seguían en lobo, respirando con dificultad. Guerreros que habían entrenado conmigo, que habían confiado en mí para guiarlos. Verlos así hizo que me hirviera la sangre de una forma que no había sentido.
—No fue humano —dijo uno de los centinelas cuando me acerqué— y tampoco fue un lobo como nosotros.
No pregunté más. Pero no podía exponer a Lía comentando más. Los ancianos no confiaban en ella y esto haría que la persigan más.
—Llévenlos a la enfermería —ordené— a todos.
Las órdenes se ejecutaron con rapidez. Camillas improvisadas, voces firmes, movimientos precisos. Yo hacía lo que siempre había hecho: sostenerme como Alfa. Pero por dentro, algo estaba fuera de lugar.
La sensación no era rabia, mucho menos miedo. Era otra cosa. Una confusión dens