Piezas de un juego.
**Kael**
El límite de la manada olía a sangre y a algo más que no quería nombrar. No era solo el rastro metálico de los heridos ni la tierra removida por la lucha.
Había cuerpos en el suelo. Algunos ya habían recuperado la forma humana, otros seguían en lobo, respirando con dificultad. Guerreros que habían entrenado conmigo, que habían confiado en mí para guiarlos. Verlos así hizo que me hirviera la sangre de una forma que no había sentido.
—No fue humano —dijo uno de los centinelas cuando me a