Lo que intenta despertar.
**Lía**
El amanecer llegó sin Kael, había salido antes de que los primeros rayos tocaran Kaelor. No dejó nota, ni explicación, ni una palabra. Solo el rastro frío en el colchón donde había dormido conmigo por primera vez. Sabía por qué se había ido.
La noche anterior, la marca casi lo quiebra. Y lo que sintió por mí —lo que admitió sentir— lo asustó más que cualquier demonio. Pero igual dolía.
Salí al patio central para despejarme, pero la ausencia de Kael se sentía en el aire como una herida abierta. Los lobos lo miraban todo el tiempo, esperando su figura imponente. Pero él no estaba.
De repente alguien se acercó por detrás
—¿Dormiste algo? —preguntó acercándose Dalan, con esa preocupación suave que hacía que la culpa me apretara el pecho.
—Lo suficiente —mentí.
Dalan me analizó con la mirada, como si pudiera ver cada grieta que yo intentaba ocultar.
—Él no debería haberte dejado sola —murmuró.
—No lo hizo por maldad —respondí, bajando la vista— lo hizo para protegerme.
—¿Protegerte