El silencio que siguió a la partida de Aeryn y Kaelen era denso, cargado del olor a ozono y metal que siempre acompañaba a Mara. Ella soltó el brazo de Adrian con una lentitud deliberada, limpiándose una mota de polvo inexistente de su chaqueta de cuero. La sonrisa radiante de "novia enamorada" se desvaneció de su rostro como un holograma apagado, dejando paso a la expresión clínica y gélida de la analista jefe de Helix.
—¿Qué demonios ha sido eso, Mara? —la voz de Adrian vibró con una furi