La mañana del último día del solsticio no comenzó con el estruendo de una alarma electrónica, sino con el canto de unas aves que Adrian no pudo identificar, cuyas notas parecían tejidas con el mismo aire del bosque. Al abrir los ojos en la habitación circular, Adrian sintió un peso extraño en el pecho. No era dolor, sino la ausencia del zumbido constante de sus implantes y sensores. Estaba "ciego" para la Orden Helix, pero por primera vez en su vida, sus ojos biológicos empezaban a enfocar co