La noche en el Enclave no era oscura; era de un azul profundo y vibrante, y estaba cargada de una estática que hacía que el aire supiera a ozono y flores silvestres. Tras la cena y el ritual, Adrian se encontró caminando por los puentes colgantes que conectaban la casa principal con los alojamientos de invitados. Cada paso que daba sobre la madera crujiente le recordaba su aislamiento.
Echó un vistazo discreto a su muñeca, bajo el puño de la camisa. La pantalla de su cronómetro táctico, una pi