El regreso a la ciudad fue una transición violenta. El aire, saturado de gases de escape y electricidad estática, golpeó los pulmones de Adrian como un insulto tras el aire purificado del Gran Árbol. Cruzar el límite del Velo de los Faes fue como si una membrana invisible se desgarrara, y de inmediato, su muñeca cobró vida con una serie de pitidos frenéticos. El reloj táctico, ahora reconectado a la red de Helix, comenzó a descargar actualizaciones, protocolos de seguridad y una ráfaga de mens