El momento de paz en el balcón del observatorio se hizo añicos antes de que Adrian pudiera retirar la mano de la mejilla de Aeryn.
No fue un sonido lo que los alertó, sino un cambio en la presión del aire. Una ráfaga de viento violenta golpeó la estructura de piedra, trayendo consigo un olor a pelaje húmedo, pino triturado y una furia tan antigua como el bosque mismo.
—¡Aléjate de ella! —el grito fue más un rugido que una frase humana.
Kaelen aterrizó sobre la baranda del balcón con una fue