La universidad era el único lugar donde Aeryn sentía que las paredes no tenían oídos. En el campus, entre el bullicio de los estudiantes y el aroma a café barato, no era la heredera de un linaje que unió a dos especies milenarias; era simplemente una estudiante de Historia sumergida en manuscritos.
Adrian se había convertido en una constante en sus tardes. Compartían una mesa cerca de los ventanales del segundo piso de la biblioteca, un rincón donde la luz de la tarde caía sesgada, iluminando