Vasil se despertó sobresaltado, estaba sudando y el corazón parecía que iba a salírsele del pecho.
Se sentó en la cama con el rostro entre las manos, debía ser ella, tenía que serlo!, de pronto todos sus bajos instintos, los más oscuros e indómitos, aflojaron empujándolo hacia fuera, al bosque.
Se quedó mirando el enorme ventanal panorámico de su habitación con vista hacia el valle y el bosque, y sintió un fuerte magnetismo que lo atraía cómo si fuera polvo de metal arrastrado por un magneto.
Se