Azar puso un pie en Canadá, y tan pronto lo hizo, soltó un rugido en el centro del pecho, anunciando a su hermano su cercanía.
«Aquí me tienes, hermano» Dijo con ese aire de superioridad que lo caracterizaba. «Terminemos con esto, ¡Aquí y ahora! Ya he esperado mucho tiempo sumido en el aburrimiento, y para ser sincero no he encontrado un mejor contendiente que tú para sentirme vivo de nuevo, así que ¿Qué esperas? ¡Ven a vengar mi deuda de sangre!»
A Vasil se le revolvieron las vísceras al escuc