Al amanecer, Vasil reunió a su gente en la sala de juntas, después de que Demetrio se fuera esa madrugada, había logrado conciliar el sueño un par de horas reparadoras.
El nivel de estrés al que estaba sometido últimamente era como para dejar salir al lobo y correr hacia el bosque e internarse durante mucho, mucho tiempo y olvidarse incluso de quién era.
Pero gracias a los dioses, tenía a Demetrio a su lado, que lo conocía como la palma de su mano y lo ayudaba a levantarse cada vez que lo neces