El campo de entrenamiento de los Guardianes Celestiales estaba envuelto en la neblina del amanecer, el aire frío cortando como cuchillas mientras los soldados se movían en formaciones perfectas. En el centro, el general Dain, con su armadura de escamas negras y su espada curva al costado, supervisaba los ejercicios con mirada de halcón.
Aisha lo observaba desde las barandillas del pabellón elevado, envuelta en una capa de pieles que Ragnar le había insistido en usar.
— No confío en que el camin