Lena despertó cuando la luz de la mañana se filtró por las cortinas, suave pero implacable. Tardó un segundo en ubicarse, con el cuerpo pesado y cada músculo reclamando el esfuerzo de la noche anterior. Era una sensación extraña, como si hubiera pasado horas en un entrenamiento extenuante. Y es que en realidad, así había sido.
Suspiró hondo y cerró los ojos un instante, recordando cada momento, cada toque, el calor de Kerem sobre ella.
Se estiró lentamente y un gemido bajo escapó de su garganta,