La casa estaba en completo silencio. Esa clase de silencio que parece absorber cada sonido y donde incluso una respiración contenida parece gritar.
Odelia subió las escaleras con pasos lentos, calculados, presionando los talones con suavidad contra la madera para no hacer crujir los escalones. El sol de la tarde ya comenzaba a teñir los pasillos de un color ámbar envejecido. Su uniforme de un azul oscuro ondeaba a su paso, cauteloso y sin prisa.
Se detuvo frente a la habitación de Lena. Pegó