Lena se quedó inmóvil con los labios entreabiertos en un gesto que no era solo sorpresa, sino incredulidad pura. Las palabras de Kerem —esas cuatro noches— flotaban en el aire como un decreto irrefutable. Parpadeó lentamente, procesando, y luego entornó los ojos, sospechosa.
Claro que él estaba tomando ventaja. No era ingenua. Sabía perfectamente que quedarse en su habitación no significaba exactamente cerrar los ojos y dormir, no después de lo ocurrido en el almacén de vinos. Lena ya no era vir