Lena apretó los ojos con fuerza mientras los dedos de Kerem comenzaban a recorrer su espalda. Cada contacto era un choque de sensaciones que la hizo tensarse de inmediato. Sus dientes se apretaron, su respiración se volvió irregular, y sin poder evitarlo, las lágrimas se deslizaron lentamente por su mejilla. Cada grieta en su piel era un recuerdo, cada marca un fantasma del pasado, y Kerem lo sentía todo sin necesidad de mirar. Sus dedos, firmes y exactos, trazaban un mapa sobre la piel de Lena