Lena se encontraba en el gran comedor de la mansión Lancaster, dando indicaciones al personal de servicio. Había flores frescas en el centro de la mesa, la vajilla brillante y perfectamente alineada, copas de cristal que reflejaban la luz de las lámparas. Con voz firme, pero sin levantarla demasiado, Lena pedía que cambiaran las cortinas, probando un color y luego otro, que ajustaran el mantel para que no quedaran pliegues, y que guardaran en vino de una cosecha especial en la cava con los otro