Celeste se sobresaltó al ver el reflejo de Marla en el espejo. Su cuerpo entero tembló, las manos le sudaban, y la caja que sostenía estuvo a punto de caerle.
—¿Qué haces aquí? —preguntó con un hilo de voz.
Marla avanzó lentamente, el cuchillo brillando entre sus dedos. Tenía los ojos enrojecidos y el cabello revuelto, la respiración acelerada.
—¿Qué hago aquí? —repitió con una sonrisa torcida—. Vengo a terminar lo que tú empezaste, Celeste. Todo esto es culpa tuya.
Celeste retrocedió un paso.