Kerem conducía con el rostro tenso, la mandíbula apretada y los nudillos marcados sobre el volante. No dijo una sola palabra en todo el trayecto. El silencio llenaba el auto, espeso y cargado de emociones que ninguno se atrevía a romper. Cada tanto, su mirada azul se desviaba hacia el camino con más fuerza, como si concentrarse en la carretera fuera la única forma de no perder el control.
Lena iba a su lado, con la espalda recta y las manos apretadas sobre el borde de su falda. Miraba por la ve