La vendimia había concluido. Los presentes habían disfrutado del vino, de la comida y, más que nada, de la compañía. El bullicio se fue apagando poco a poco hasta que la noche se asentó sobre la casa y el viñedo. Las risas se disiparon, los brindis cesaron y el aire quedó impregnado del aroma del mosto recién hecho, aquel que se auguraba sería el mejor vino de esa cosecha.
Dentro de la mansión, Lena ayudó a Branwen a dejar todo en orden antes de subir a acostar a Lucia. La niña cayó rendida ap