La mañana rompía lentamente sobre Londres, pero la celda en la que Marla estaba detenida permanecía fría y silenciosa. La luz de las rejas dibujaba líneas rectas sobre el suelo mientras ella, con los brazos cruzados y la mandíbula tensa, evaluaba cada sonido que llegaba desde los pasillos del centro de detención. Sus pensamientos se agitaban con rapidez; sabía que todo estaba en su contra y que Kerem Lancaster no dejaría que nada se interpusiera entre ella y la justicia que deseaba para las mal