Kerem escuchó en silencio.
Con las manos en los bolsillos del abrigo, los hombros tensos, y la mirada fija en Lena mientras ella hablaba frente a las chicas del internado.
Su voz temblaba, pero no se quebraba.
Por primera vez, Lena decía en voz alta lo que había callado durante tanto tiempo.
—No era mi culpa —dijo. Mientras sus dedos se aferraban al borde de su falda, y su garganta se movía con dificultad—. Por mucho tiempo pensé que sí lo era, que yo había hecho algo para que Marla me tratara a