Lena sintió la mano de Kerem apretarse en su cintura mientras la arrinconaba contra el muro junto a la ventana.
La pared fría a su espalda contrastaba con el calor que irradiaba él. Su cuerpo alto y sólido la envolvía como una sombra inmensa, como un peligro inevitable. La mano que la sostenía no era temblorosa ni dudosa, sino firme, como si la hubiese capturado. Como si ya no tuviese escapatoria.
Él inclinó su cabeza hasta que sus labios quedaron a apenas un suspiro de los suyos. Lena sintió