Se acercaba la última hora de clase cuando recibimos la noticia de que había sido cambiada por la de gimnasia. Nada podía ser ahora más alentador que tener otra vez esa clase, justo al final de la semana y con el golpe recibido por el balón de voleibol todavía rezumando en mi frente.
Después de un calentamiento rápido y algunas vueltas a la cancha, el profesor no tuvo una mejor idea que la de dividirnos, una vez más, para terminar la clase con un juego de basketball para los chicos y volleyball