El silencio en el despacho era denso, casi físico. Solo se oía el leve pasar de las hojas mientras Jared Davenport avanzaba por el informe con una precisión quirúrgica. Sus dedos largos sostenían el dossier con firmeza, pero sus ojos azules… esos no eran los mismos de minutos atrás. Se habían oscurecido, afilado, como si cada línea que leía afianzara algo irrevocable en su interior. Amanda permanecía sentada frente a él, con la espalda recta, las manos juntas sobre el regazo. No preguntó nada. No porque no quisiera saber, sino porque intuía que lo que estaba por revelarse iba a cambiarlo todo.
Sebastián, de pie a un costado, tragó saliva en silencio.
Jared se detuvo en una página en particular.
Gabriel Sousa.
El nombre parecía arder sobre el papel.
Los informes eran claros, meticulosos, imposibles de refutar. Movimientos financieros encubiertos, pagos a terceros, filtraciones estratégicas a medios especializados, denuncias anónimas cuidadosamente elaboradas para sembrar dudas técnicas