El silencio que se hace justo después del sonido de la última nota siempre ha sido un presagio.Amanda lo supo desde niña: ese vacío diminuto que queda suspendido en el aire, entre un acorde y otro, es el hogar de los destinos que están a punto de romperse.Y allí estaba ella, justo en ese silencio, avanzando hacia el altar.A cada paso, el jardín entero parecía contener la respiración.El destino aguardaba, inmóvil, como una bestia en la penumbra.Amanda, aún bajo el velo, lo observaba sin parpadear, como quien ve un sacrilegio ante sus ojos.Era el filo de una guillotina envuelto en seda.Carlos Portal, orgulloso pero ajeno a la tragedia, avanzó junto a su hija con paso firme.El murmullo del público, la sutileza del viento, el aroma de las flores… todo parecía estar creando un escenario casi celestial para el matrimonio que jamás existiría.Cuando por fin llegaron al altar, Carlos tomó la mano de Amanda y se la entregó a Enzo.Fue un gesto solemne, cargado de significado.Una trans
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