El amanecer llegó con una claridad distinta, como si la tormenta de la noche anterior hubiera lavado no solo la tierra, sino también los ánimos. El cielo aún conservaba jirones de nubes grises que se deslizaban lentamente hacia el horizonte, prometiendo que tal vez la furia del viento no se había ido del todo. El aire olía a hojas húmedas y madera recién empapada. Pequeñas gotas resbalaban de los techos de paja y caían en la tierra oscura, formando diminutos espejos donde se reflejaba el nuevo