La noche ha llegado, la habitación estaba bañada por la luz grisácea de la lampara. Amanda se encontraba frente al espejo grande que cubría media pared del lujoso vestidor del Pent-house. El vestido negro ya estaba sobre su cuerpo, abrazándola con una perfección casi insultante. El tejido caía como un susurro, delineando cada curva sin exagerar, sin pedir permiso, sin querer competir con nada. Era una pieza elegante, sobria... pero tan bien hecha que hacía que cualquiera que la viera sintiera l