La tarde fue avanzando en Paris. Jared se encontraba revisando un par de documentos en su despacho privado cuando su teléfono vibró sobre el escritorio. Observó la pantalla. El nombre del joyero aparecía allí. Respondió con calma, llevando el auricular a su oído mientras inclinaba ligeramente la cabeza hacia un lado.
—Davenport —dijo en una voz baja y grave.
Del otro lado, el joyero habló con respeto inmediato:
—Señor, los anillos están listos. Los hemos conseguido tal como usted lo pidió.
Un p