La caravana negra se detuvo frente al salón de fiestas como un animal de lujo domado a la fuerza. El edificio, una joya de cristal y mármol enclavada en el corazón de París, resplandecía bajo luces cálidas y doradas. Periodistas, invitados selectos y figuras del mundo empresarial comenzaban a congregarse, atraídos por la promesa de una noche importante.
Jared Davenport fue el primero en descender.
Su sola presencia alteró el aire.
Alto, de porte impecable, vestido con un traje negro de corte perfecto, Jared caminó con la seguridad de un hombre acostumbrado a que el mundo se apartara a su paso. Su espalda recta, su mandíbula tensa y esa aura silenciosa de poder hacían innecesaria cualquier presentación. Los guardaespaldas se posicionaron de inmediato, discretos pero atentos.
— Bajaré a realizar un pequeño recorrido, no hay nada que ajustar aún, Amanda seguirá en el vehículo hasta que yo emita alguna orden.
Su guardaespaldas personal, Jonathan asiente.
Dentro del vehículo, Amanda perma