El amanecer había comenzado a colorear el cielo con tonos rosados y dorados, bañando la ciudad con una suavidad que parecía contradecir la intensidad de la noche anterior. La luz se filtraba por la enorme pared de cristal del pent-house, extendiéndose por el suelo de mármol con un brillo cálido. Amanda abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso de un sueño ligero y el eco del susurro de Jared aún adherido a su piel. Se incorporó en la cama con un suspiro contenido, como si temiera que el sile