Faltaban dos días para el viernes. Luisa estaba en su habitación, sentada en el borde de la cama, con la mirada perdida en el armario abierto. La ropa que tenía no era suficiente. No para un fin de semana con los ejecutivos más importantes de la empresa Benedetti. No para las cenas, las reuniones, las fotos, las miradas evaluadoras de las esposas de los socios.
Sus pantalones gastados. Sus blusas desteñidas. El vestido azul que ya le quedaba pequeño. Nada servía.
Un golpe en la puerta la sacó d