La mañana transcurría lenta en la oficina de Erick Benedetti. El sol entraba por los ventanales, iluminando los papeles desordenados sobre su escritorio. Él estaba revisando unos contratos, con el ceño fruncido, tratando de concentrarse en números que no terminaban de cuadrar. Pero su mente estaba en otra parte. En Luisa. En Annie. En el escándalo de la oficina. En las palabras que había escuchado: "Ella no te quiere. Quiere a Damián".
El teléfono sonó. La luz del intercomunicador parpadeó.
—¿D