169.
— ¡Nicolás! — murmuré.
Mis ojos se llenaron tanto de lágrimas que tuve que parpadear un par de veces para que mi vista se aclarara, pero, en efecto, era él. Estaba ahí, de pie, delante de mí. Tenía un uniforme oscuro, como si fuese un militar sexy que había venido a rescatarme. Sostenía con fuerza un arma en la mano.
Le apuntó a Elisa y ella le apuntó de vuelta.
Entonces, toda la alegría que sentí en ese momento se transformó en pánico. No podía suceder eso. Estaba segura de que Elisa le dispar