182.

A pesar de que la tormenta entorpecía un poco la visión, el auto continuó avanzando sin detenerse ni una sola vez. La poca agua que había logrado empaparnos tenía mi cuerpo tiritando. Esta ciudad no era precisamente una ciudad de clima muy frío, todo lo contrario, incluso era un poco tropical. Pero ese día hacía tanto frío que se colaba debajo de la piel como puñaladas y agujas.

Elisa se veía extraña, relativamente calmada, como si hubiese entendido algo que yo no, algo que ninguno hubiera logr
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