168.

Elisa se abalanzó sobre mí para cubrirme la boca. No quería que hiciera ningún ruido, no quería que nos encontrara, pero yo sabía que ya era tarde. Sabía que, aunque nadie escuchara mi grito, sabían que yo estaba ahí. **Al fin me rescatarían.**

Peleé con Elisa, aunque mis brazos esposados detrás de mi espalda me lo impedían, pero ella logró subirse sobre mí y apretar sus manos con fuerza alrededor de mi cara.

— Cállate, estúpida — me dijo — . ¿Crees que es tu ridículo amante? ¿Crees que Nicolá
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