La noche avanzaba lentamente en la mansión Gravenhorst.
La fiesta continuaba con su brillo artificial, sus sonrisas fingidas y su derroche de opulencia. Pero en el ambiente flotaba una tensión que nadie se atrevía a mencionar. Todos esperaban el momento. El momento en que el abuelo abriría ese sobre y decidiría el futuro del imperio.
Cristóbal estaba en un rincón, con una copa de champán que no tocaba, observando a la gente sin verla. Su mente estaba lejos, muy lejos. En un apartamento de la ci