Los días pasaron lentos, pesados, como una condena.
Después de aquella tarde en el parque, todo volvió a la normalidad. O lo que ellos llamaban normalidad. Cristóbal seguía siendo el mismo hombre frío y distante de siempre. Algunas mañanas ni siquiera la miraba al desayunar. Otras, cuando lo hacía, era para lanzar comentarios que le recordaban su lugar.
—No te olvides de quién eres.
—Esto es un contrato, no un cuento de hadas.
—No confundas las cosas.
Cada palabra dolía. Cada mirada de despreci