Mundo de ficçãoIniciar sessãoEn el estudio de la estancia, Florencio y Platina estaban hipnotizados, prisioneros de la imagen en la pantalla. El mundo exterior se había desvanecido. Solo existía la voz de Elio, una voz de barítono, culta y resonante, que tejía una historia de horror con la calma de un profesor de historia.
—Mi padre y Leonardo Lombardi eran dos caras de la misma ambición —decía Elio al periodista, que lo escuchaba fascinado, sin atrevers






