La noche llegó, pero nada pasó. Quizás fue una ilusión, o una falsa alarma.
Nicolino Blandini en lugar de la entrevista, convocó una rueda de prensa de emergencia. No en la legislatura, no en su despacho. En las escalinatas de la comisaría de Dolores, con el edificio como telón de fondo. La imagen era perfecta: el político preocupado, el estadista, en el epicentro de la crisis.En el estudio de la estancia, Florencio y Platina veían la transmisión en directo, sus rostros eran una mezcla de furia y una admiración a regañadientes por la genialidad de la jugada.—Ese hijo de puta —masculló Florencio—. Es un maestro del teatro.—Hoy, una joven valiente, Mar D'Argenti, una víctima de la masacre de los acantilados que el gobierno provincial intentó encubrir, se ha entregado a la justicia —comenzó Blandini, su voz rebosan