190. La Próxima Vez, no Habrá Piedad
Los días en la casa de Punta Mogotes se convirtieron en una rutina de una normalidad casi psicótica. Por la mañana, Selene sometía a Mar a un entrenamiento brutal junto al mar. Ya no en el arroyo. La llevaba a los acantilados, al escenario de la masacre. La obligaba a enfrentarse a sus fantasmas, a usar el poder del océano, inmenso e indomable, como su espejo. Florencio, desde la distancia, observaba a través de unos binoculares, actuando como vigía, un león inquieto guardando a las dos brujas d