179. La resaca de la magia
El eco del grito de Mar se desvaneció, dejando en la cabaña un silencio denso y vibrante, como el aire después del paso de un rayo. Florencio sostenía a Selene en sus brazos, sintiendo el temblor de su cuerpo, el agotamiento que era más profundo que el de cualquier batalla física. La miró: su rostro pálido y cubierto de un fino sudor, un hilo de sangre seca bajo su nariz, los ojos cerrados. La vulnerabilidad que emanaba de ella en ese momento era tan absoluta que le provocó una punzada de dolor