100. El Teatro de las Ilusiones
Selene no esperó. La rabia, fría y controlada, se apoderó de ella. Arrojó la lámpara que a estas alturas ya era una molestia, y se lanzó hacia adelante en el mismo instante en que Mar le ordenaba al luisón atacar. La bestia, confundida por un instante por las dos órdenes contradictorias, vaciló. Ese instante fue todo lo que Selene necesitó.
No fue por el monstruo. Fue a por la titiritera.
—Creo que ya tuvimos esta conversación —respondió Selene, su voz fue como un hielo que prometía quemar.
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