074. El Primer Diente en la Madera
El silencio se rompió.
No fue un aullido. Fue el sonido sutil, casi imperceptible para un oído humano, de un cable de lazo tensándose hasta el límite y luego cediendo con un chasquido metálico. Una de las trampas.
—Noroeste —susurró Selene desde la oscuridad de la habitación, su voz un hilo de acero—. Se están probando. Moviéndose lento.
En la sala, Florencio no respondió. No necesitaba hacerlo. Sus cuerpos ahora operaban en una sincronía instintiva. Se deslizó desde su posición en el sillón