046. El Lenguaje de la Carne Rota
El tacto de los dedos de Elio sobre su mejilla no era una caricia. Era una toma de posesión. Una afirmación de conocimiento antiguo, de un derecho que él creía tener sobre ella, sobre su piel, sobre su linaje. El aire entre ellos se volvió denso, eléctrico, cargado con el ozono de una batalla que llevaba gestándose años.
—¿Pertenezco? —siseó Selene, apartando la cara de su contacto con un movimiento brusco—. Yo no pertenezco a nada que huela a vos, a traición, a cenizas.
—Mentís —respondió é