034. La Seda Roja y Lo que Huele a Guerra
El bosque de noche no era un lugar. Era un organismo vivo. Respiraba a través del susurro de las hojas, se movía con las sombras que danzaban entre los troncos y observaba con miles de ojos invisibles que seguían cada uno de sus pasos. Selene lo sentía en cada poro de su piel. Era su elemento, su cuna, su campo de batalla. Pero esta noche, era diferente. Caminar por él ya no se sentía como volver a casa. Se sentía como invadir el territorio de un enemigo que la conocía demasiado bien.
Avanzaba