016. La Temperatura del Silencio
Dentro de la cabaña, el aire era una cosa viva. Un animal quieto, agazapado, que respiraba en el silencio que se extendía entre Selene y él.
El tiempo había perdido su forma, diluido en una rutina de fuegos que se encendían y se apagaban, de un almuerzo compartido sin cruzar palabra, de un día donde la única conversación era el sonido de dos respiraciones descansando en espacios separados.
Florencio no la interrogaba más. Había abandonado el asalto frontal, la presión directa. Ahora su táctica