El resplandor del sol hizo que Anna entrecerrara los ojos antes de abrirlos por completo.
—Buenos días, señora —la saludó una voz femenina.
Aún medio dormida, Anna se incorporó de golpe en la cama.
—¡Dios mío! —exclamó, mirando a la mujer que estaba de pie junto a ella—. ¿Quién eres?
—Soy María, señora. El servicio asignado por el señor para asistirla —respondió con una sonrisa cortés.
Anna soltó un suspiro lento.
—¿Dónde está Liam? —preguntó al notar que solo estaban ellas dos en la habitación