Anna estaba frente al lavabo, observando su reflejo en el espejo. Su rostro se veía ligeramente pálido, aunque sus ojos seguían brillando. No sabía si era por la falta de sueño o por emociones que aún no terminaba de ordenar dentro de sí.
Acababa de salir de la ducha y se secaba el cabello cuando escuchó pasos acercándose al otro lado de la puerta del baño.
—Te estás exigiendo demasiado —dijo Liam desde afuera. Su voz sonaba tranquila, pero cargada de preocupación.
—Soy doctora, Liam. No es la